Mmmm...una cucharada…cierro los ojos…me entrego al placer sin posibilidad alguna de resistirme, me voy con todos mis sentidos a un viaje sin retorno, este postre me transporta y a la vez me ancla al más acá! me baja a la tierra, me une a los míos...me sabe a infancia, a fines de semana, a mi abuela Celia... y lo mas lindo y mas cierto de la créme brulée, es que uno puede volver ahí, a ese mismo lugar, donde quiera que sea que el recuerdo lo lleve, cada vez que la pruebe!

INGREDIENTES: para 8 porciones

8 Yemas
8 Cucharadas de azúcar

400cc. de leche)
400cc. de crema de leche (nata)

1 Semilla de cardamomo

1 Chaucha de vainilla o ½ cucharada de extracto de vainilla
1 Rama chica de canela

Azúcar rubio o blanco para quemar

PROCEDIMIENTO

Nuestra primer tarea va a consistir en abrir la vaina de vainilla y raspar su interior para arenarlo en nuestro azúcar!

(la vaina podemos reservarla para otros muchos usos)

Una vez que tenemos nuestro azúcar vainillado lo mezclamos en un bol con las yemas
Por otra parte calentamos la leche y la crema de leche (nata) con la rama de canela y la semilla de cardamomo abierta, hasta que rompa el hervor.
Una vez que hierve apagamos el fuego y dejamos reposar 15 minutos para que los sabores se acentúen
Retiramos y pasamos por un colador para no dejar rastros de nuestros sabores secretos! vertemos despacito sobre las yemas con azúcar, revolviendo permanentemente para evitar que el calor las cocine.
Repartimos la preparación en potes chicos o ramekins (que sean resistentes al calor) y cocinamos en horno a baño María a temperatura baja (100º aprox.)
dependiendo del horno …podríamos decir que este postre puede llevarnos unos 20 o 30 minutos de cocción aproximadamente para conseguir una textura cremosa, menos firme que un flan, pero que no es líquida.

Retiramos los recipientes del horno y dejamos enfriar a temperatura ambiente… vamos a caramelizar a último momento, justo antes de servir, pero no sin antes calentarla un poquitín, detalle que sin duda la hace irresistible!

Para ello, unos minutos antes de servirla la espolvoreamos con una delicada capa de azúcar rubio o blanco en la superficie y con ayuda de un soplete de cocina vamos quemando el azúcar hasta que tome un delicioso color caramelo…con mucho cuidado de no excedernos en esta tarea tan entretenida ya que arruinaríamos todo nuestro trabajo otorgando a nuestro postre un indeseable sabor a quemado, aunque necesitamos que la capa de azúcar quede lo suficientemente gruesita y dorada para que pueda tomar consistencia firme al caramelizarla, así podremos escuchar el crunch! cuando vayamos a comerla quebrándola de un golpe para poder encontrar la crema al otro lado! ...Mmmm...una cucharada…cierro los ojos…

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